Me mudo!
- Alberto
- 8 nov 2023
- 2 Min. de lectura
Este fin de semana ha sido de todo menos tranquilo. Con una furgoneta alquilada y la ayuda de mis amigos de siempre – Andrés, Javier y Juan – he dado el paso. Me he mudado al apartamento de los abuelos de Andrés, en Benicasim. La decisión llevaba rondando mi cabeza semanas, pero ahora, con cajas llenas de libros, ropa y ese cuadro de la infancia que nunca supe dónde colgar, la realidad ha llegado.
La aventura comenzó el sábado por la mañana, cuando quedamos todos en mi piso de Madrid. Fieles al estilo que nos caracteriza, empezamos tarde y entre risas, reproches por la hora y un café mal preparado. Andrés, como buen anfitrión del apartamento, asumió el papel de jefe de la operación, aunque sus indicaciones acabaron en bromas más que en instrucciones claras. Javier y Juan, en cambio, se dedicaron a hacer comentarios ingeniosos sobre el peso de las cajas y mi afición por acumular objetos inútiles. No puedo decir que les falte razón.
El viaje a Benicasim fue largo, pero lleno de esos momentos que parecen insignificantes y que, sin embargo, te marcan. Canciones que llevaban años sin sonar en la radio, conversaciones sobre quién de los cuatro había cambiado más desde que nos conocimos, y la promesa de organizar una fiesta de inauguración "como las de antes", aunque sabemos que ahora aguantamos menos de lo que nos gustaría admitir.

Cuando llegamos, la emoción de estar en mi nuevo hogar se mezcló con un nerviosismo inesperado. El apartamento, aunque no es nuevo, tiene ese encanto de los lugares vividos. Las fotos antiguas en las paredes, la mecedora en la terraza y el reloj de péndulo que parece no llevar el ritmo de este siglo… todo me recordó que este lugar ya tiene una historia, y ahora es mi turno de añadir la mía.
El fin de semana pasó entre subidas y bajadas de cajas, risas y un par de cervezas que celebraban la mudanza. Andrés, fiel a su estilo, insistió en enseñarme los mejores rincones de Benicasim, mientras Javier y Juan planeaban escapadas futuras para aprovechar el buen clima de esta ciudad que ya empiezo a considerar mía. Pero cuando todo acabó y mis amigos se fueron, me quedé solo con las cajas por abrir y el eco de las risas que ya se apagaban.
¿Y ahora qué? Esa pregunta rondaba mi mente mientras me tumbaba en el sofá, mirando el techo y escuchando el silencio de la noche. A veces, el cambio da miedo, y el mío no era la excepción. Pero aquí estoy, en un lugar nuevo, con la oportunidad de empezar otra etapa, más cerca del mar, lejos del bullicio de Madrid.
Por suerte, la empresa me ha permitido teletrabajar. No puedo evitar pensar en lo diferente que será hacer videollamadas con la playa al fondo o tener la posibilidad de pasear por el paseo marítimo en mis ratos libres. Este lugar, que en invierno es más tranquilo que nunca, me ofrece un respiro, un nuevo ritmo de vida al que me quiero acostumbrar.
Me mudo. Sí, me mudo a Benicasim, y aunque todavía queda mucho por hacer, por desempacar y por descubrir, este es el comienzo de algo que sé que va a merecer la pena.
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