top of page
Buscar

Me vuelvo loco

  • Foto del escritor: Alberto
    Alberto
  • 29 may 2024
  • 3 Min. de lectura

Si hay algo que Benicasim me ha enseñado en estos últimos meses, es que el mercado inmobiliario es una jungla. Pensaba que había visto de todo en la búsqueda de un piso en Madrid, pero lo de aquí en verano no tiene nombre. Los propietarios y las inmobiliarias parecen sacados de una novela de conspiraciones, y no estoy exagerando. Es como si, en cuanto se acerca junio, todos se ponen de acuerdo para hacer las jugadas más retorcidas y sacar hasta el último céntimo de los desesperados como yo.


Para empezar, está el clásico truco de las fotos engañosas. He visto apartamentos que parecen mansiones en las fotos y que, al verlos en persona, apenas tienen espacio para dar un par de pasos sin tropezar con el sofá o la mesa de la cocina. Las fotos están tomadas con una pericia que haría palidecer a los mejores fotógrafos profesionales. ¿Un apartamento de 30 metros cuadrados? En las fotos parece un loft neoyorquino con vistas al Central Park, pero llegas allí y ni el suelo está bien nivelado.


Luego está el tema de las condiciones. Hay propietarios que, con la excusa del verano, se inventan tarifas extra. Te dicen que el alquiler es un "buen precio" (mentira, nunca es buen precio) y que la luz y el agua van aparte. Vale, eso lo entiendo, pero luego te salen con que la conexión a internet también es extra, que la limpieza final es obligatoria (y cara), y que además tienes que pagar un depósito del doble del precio del alquiler “por seguridad”. Vamos, que al final estás desembolsando el triple de lo que habías calculado en un principio, y ni te das cuenta de cómo ha pasado.



Otro clásico que me ha hecho perder la paciencia es el de las cancelaciones a última hora. Las inmobiliarias tienen una estrategia bien fina: anuncian el piso, te lo enseñan, parece perfecto (bueno, perfecto en los términos de esta locura veraniega), te lo piensas, y cuando decides dar el paso… ¡zas! “Lo sentimos, ya está reservado.” Pero claro, te ofrecen una alternativa que, casualmente, es más cara y está en peor estado. Me pregunto si alguna vez el primer piso estuvo realmente disponible o si simplemente es un gancho para atraer a los ingenuos.


Y no nos olvidemos de los famosos alquileres de sólo julio y agosto. Si me dieran un euro por cada vez que una inmobiliaria me ha ofrecido un piso por "sólo los meses de verano", me podría pagar yo mismo uno de esos alquileres. Es como si el resto del año no existiera. No importa que yo esté buscando algo para más tiempo; lo único que importa es exprimir al máximo esos dos meses, que es cuando pueden cobrar lo que les dé la gana. El invierno no les interesa. Esos meses son para los “raritos” como yo, que queremos vivir aquí más allá de las hordas turísticas.


Y es que no hay límite. He visto cómo algunos propietarios suben el precio en cuestión de días. Te dicen un número, y cuando vuelves a preguntar una semana después, de repente "el mercado ha cambiado" y el precio ha subido. ¿Subido por qué? Porque pueden, porque saben que la demanda está ahí, porque saben que, al final, alguien caerá.


Me vuelvo loco. Literalmente. Intentar encontrar algo decente, a un precio razonable, es una batalla que parece perdida de antemano. A veces me siento como un jugador de póker en una mesa donde todos tienen las cartas marcadas, menos yo. Los propietarios juegan con ventaja, las inmobiliarias también, y los que estamos buscando algo… pues eso, estamos a su merced.


Y mientras tanto, junio se acerca y el tiempo se acaba. Cada día que pasa, las opciones se vuelven más escasas, y los precios más elevados. Me vuelvo loco pensando en cómo hemos llegado a este punto, donde conseguir un techo se ha convertido en un auténtico desafío mental y emocional. Pero no queda otra que seguir peleando, esquivando trampas y cruzando los dedos para que, al final, algo caiga de la red y no me quede tirado.

 
 
 

Comments


bottom of page