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¿Y si pruebo Benicasim?

  • Foto del escritor: Alberto
    Alberto
  • 6 oct 2023
  • 3 Min. de lectura

Tengo la cabeza hecha un lío. La idea de cambiar Madrid por Benicasim me lleva dando vueltas desde hace un tiempo, y no hay día en que no me ponga a analizar los pros y contras como si de una decisión de vida o muerte se tratara. La vida aquí, en la capital, tiene su encanto; nadie puede negar el ritmo frenético que hace que siempre sientas que estás en el centro de todo. Pero Benicasim… Bueno, Benicasim es otra cosa. Es tranquilidad, mar y esa brisa que parece decirte que las prisas son innecesarias.


Así que vamos a ello, voy a tratar de organizar un poco esta tormenta mental y ver qué pasa. Empecemos por lo evidente: el ritmo de vida. En Madrid, todo es rápido. Levantarte, trabajar, quedar, llegar tarde… Madrid es como un tren de alta velocidad en el que, si no te subes a tiempo, sientes que te quedas atrás. En Benicasim, sin embargo, la vida parece que tiene otra cadencia. Aquí se vive, allí se sobrevive, o eso me han dicho mis amigos que veranean allí.


Y qué decir del mar. En Madrid el agua es algo que viene de la ducha o de una botella de supermercado. En Benicasim, sin embargo, el Mediterráneo está a unos pasos. Ese mar en el que se puede perder la vista, esa agua que refresca el cuerpo y la mente en los días de calor. A veces me sorprendo pensando en cómo sería empezar el día con un café mirando las olas, en lugar de escuchando el tráfico de la Castellana.


Otro punto a favor: la calidad de vida. No es que Madrid no me guste, pero reconozcamos que, entre el ruido, el caos y los alquileres, puede resultar un poco agotador. En Benicasim, los precios de la vivienda son más bajos, el aire es más limpio y, si me organizo bien, podría trabajar a distancia. Además, después de años en una gran ciudad, el cuerpo me pide algo más de espacio, de verde, de azul marino.



Pero no todo es color de rosa, ¿eh? Lo que más me frena, sin duda, es dejar atrás a la gente. Aquí están mis amigos de toda la vida. Andrés, Javier, Juan. La pandilla. Y aunque es verdad que las visitas de fin de semana siempre estarán ahí, la sensación de estar un poco más lejos se queda. Además, ¿y si me aburro? El ambiente de Madrid, esa mezcla de culturas, de gente diferente cada día, los planes que surgen sin aviso... eso no lo tienes en Benicasim. O al menos, no tan a menudo.


Y luego está el tema del trabajo. ¿Sería viable? Podría seguir con mi vida profesional desde allí, pero nunca se sabe. ¿Y si termino cansado de la calma y echo de menos el estrés productivo de Madrid? Quizás esa velocidad constante es lo que me mantiene despierto, activo, motivado.


Pero por otro lado, ¿cuánto tiempo más puedo seguir a este ritmo? ¿De verdad quiero pasar otros cinco, diez años corriendo de un lado a otro? Ya viví una temporada en Alemania, y esa experiencia me enseñó que adaptarse no es tan complicado como parece. Si me fui a otro país, ¿por qué no iba a funcionar un cambio dentro del mismo país?

Al final, después de darle vueltas y más vueltas, he llegado a la conclusión que me parece más coherente con lo que ahora mismo necesito en mi vida: voy a probar Benicasim.

 
 
 

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